Vivir como Carmelina: El origen de esta frase cubana

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En Cuba abunda mucho un tipo de personaje, masculino o femenino, que es el clásico “arrecostao”. Se le llama a quien no trabaja, no coge lucha con nada y siempre tiene alguien que lo apoye o lo mantenga.

Así, dicho en buen cubano, se le dice a quien quiere “vivir como Carmelina”, una frase que tiene su origen histórico y que Te amo Cuba te sintetiza, luego de consultar varias fuentes periodísticas:

Sucedió en la ciudad matancera de Cárdenas, allá por el año 1935, donde vivía Carmelina Arechabala, la mujer que inspira la historia y la frase en cuestión, a quien se le describía como “amable, dulce, bonita… y muy generosa”.

Hija de Carmela Arechabala y de Don Arechabala Sáenz, pero sobre todo nieta de José Arechabala Aldama, oriundo de Vizcaya, España.

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Arechabala era propietario de un poderoso emporio industrial, y por tanto de una considerable fortuna, una de las más grandes en la Cuba de entonces.

Se dice, incluso, que José comenzó a ver sus ganancias desde el año 1878, mediante la producción de aguardiente y ron.

Pues bien, resulta que el abuelo mimaba en demasía a Carmelina, quien tenía una vida de opulencia y comodidad. Ella organizaba fiestas y vivía literalmente como le daba la gana, al estilo de una princesa, gracias al negocio familiar.

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Por si fuera poco, los Arechabala tenían en su patrimonio familiar una terminal marítima de embarque, que disponía de una red de transporte ferroviario, cabotaje y astilleros. Súmele refinería de azúcar, plantas de petróleo, mieles y siropes y una fábrica de confituras, además de otras propiedades.

Carmelina entonces no tenía necesidad alguna de ganarse la vida con un oficio o de estudiar una carrera. Ella se limitaba a disfrutar de los bienes de la familia y se le veía participar en fiestas de rigor, luciendo hermosos vestidos y trajes de seda.

La autenticidad de la frase choca con un artículo de la revista Bohemia, fechado en el año 1992, donde se asegura que semejante refrán nada tiene que ver con la Carmelina de Cárdenas y que ese texto pudo escucharse antes en infinidad de películas extranjeras.

No obstante, la versión cubana parece ser la original. No hay quien se detenga en escudriñar si fue una expresión traída de España y acuñada en la Isla. Los cardenenses juran que su Carmelina es la del refrán y ¡ya está!

De no ser ícono de la abundancia, altiva y con una forma de vida muy distante a cómo vivían los cubanos y cubanas de entonces; de no vivir gracias al alambique que fundó su abuelito, pondríamos en duda la veracidad y el origen de la frase, pero son demasiadas coincidencias.

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