Tuve que aprender que era yo: La historia de Aymara

Foto de la entrevistada
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Acercarse a Aymara Nápoles es todo un reto. La joven de rostro hermosísimo desafía su “vida a la italiana” cada día, respetando el espacio de la caribeña que lleva dentro. Madre de dos hijos, y amiga de quienes la saben conservar a la distancia, nos ha abierto las puertas de su vida con una firmeza que conmueve.

Así me dijo, sin vacilaciones, al recibir mis preguntas:

Yo te escribo un poco de cosas y tu ajústalas a conveniencia. Porque de las preguntas que veo, mis respuestas estarán muy lejos de lo que esperarían de mi como cubana.

Pero finalmente la mujer de vivezas que es, pudo armonizarse con la intelectual de la vida, sosegada, risueña, inteligente, y nos entregó estas “tremendas vivencias” por medio de sus testimonios.

Me llamo Aymara Nápoles. Nací en Cuba, en el 1981. Viví en Cuba 25 años. Luego escogí Italia como segunda patria para vivir estos 11 años… y quizás los próximos.

Aymara, una frase que es pregunta a la vez: Salir de Cuba

Fue un cambio radical, brusco e impactante. Dejar atrás mi pequeña isla para tratar de encajar en el enorme rompecabezas europeo. En mi maleta de solo ida, guardé algunas artesanías talladas en madera; unos discos compactos, piratas, de la música que prefería; las fotos “estampadas” que no podían faltar. No eran fotos de familia, esas las traje en un segundo momento, cuando la nostalgia se hizo constante en mi corazón. También en la maleta guardé una botella de Guayabita del Pinar, unos cigarros H.Upmann y mis libros. Eran tantos y después de un decenio siguen conmigo sólo “La Edad de Oro”, de José Martí y “Memorias de Adriano” de Margarite Yourcenar.

Salí de Cuba como salen todos… todos los que por motivos diversos o comunes se diseminan por el mundo. Me agregué a esas generaciones que viven de recuerdos.

¿Te atreves a definir el hecho de ser caribeña?

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Yo me fui de Cuba. Pero Cuba no se fue de mí. En los primeros años ella estaba muy dentro de mí, si, en los primeros 5 años yo pretendía imponer mi cultura, mis costumbres, mi idioma, y a mí misma. En Cuba nunca me perdí unos carnavales, un festival del Caribe, una feria del libro. Fiestas y eventos donde se unen lo sacro y lo profano. Una vez en Italia, donde es igual pero hay modos para disimularlo, tuve que aprender que era yo quien debía adaptarme a ellos, contagiarlos, y no ellos a mí.

Detalles de tu vida cotidiana como cubana a la distancia

Los europeos disfrutan cuando ven un cubano que sabe bailar, cantar, o manifestarse artísticamente. Para ellos es como lo eran aquellos fenómenos del palco escénico de los circos donde mostraban personas con algún tipo de malformación congénita, como una gran novedad. Siempre que un “extraño” hace gala de sus dotes artísticas es aceptado. Pero cuando comienzas a demostrar tus dotes de raciocinio… ¡pausa, no vinimos aquí para pensar. Vinimos a trabajar, incluso en los peores trabajos, esos que nadie quiere hacer!

Lo de caribeña, lo de yoruba y lucumí late en mi alma, late en mi sangre. Sin embargo, el calor de ánimo y nuestra capacidad caribeña de desatar tormentas, aquí en Italia, a diez mil kilómetros del Caribe, no surte efectos.

¿En ti cuáles sentimientos se manifiestan cuando viajas a Cuba?

Yo acumulo mis energías para el regreso. Cada vez que regreso a mi país, es como reiniciar algo donde nos habíamos quedado… Familia, amigos y amores. Ellos son puntos suspensivos en mi vida de inmigrante que empieza con letras mayúsculas cada vez que pongo un pie fuera de ese avión de “Blue panorama”. Entonces por un mes soy más Cuba, por 30 días soy más caribeña, soy más antillana. Por un mes cada 4 años aproximadamente vuelvo a respirar un aire de libertad. Tengo por 4 semanas la oportunidad de ser yo misma, de comer sin preocuparme por los “OMG”, sin pensar a los “UV” y sobre todo olvidarme de los ojos que enjuician.

Yo vuelvo a mi tierra no para humillar con pacotillas a mis hermanos que se quedaron. Yo vuelvo al rincón en el monte, a reír y llorar si es necesario. Vuelvo para bailar y dorarme bajo mi sol de 365 días; vuelvo para emborracharme de los aromas, de café, de ron, de tabaco, de rocío, de sudor. Vuelvo para ser yo. Y Cuba me recibe como la oveja perdida que soy.

¿Convencerías a tus amigos para viajar a Cuba?

Si, a los pocos amigos que dejo en Italia quisiera llevarlos conmigo para que conozcan una realidad inimaginable. Realidad que hay que vivir para decir que se ha visto todo. Quisiera llevarlos conmigo a Cuba, a “este” país que hasta a Alicia maravillaría.

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