Regresar a Cuba, la entrañable Isla

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Regresar a Cuba, la entrañable Isla, después de meses alejada de la tierra es algo muy emocionante. El nerviosismo empieza desde el momento mismo en el que buscas un pasaje económico para tener más dinero que invertir en los tuyos.

Es una emoción que mezcla la incertidumbre y la alegría. La primera, porque a pesar de ser el sitio donde naciste puede haber cambiado mucho desde que lo dejaste un día, o tú mismo cambiaste sin darte cuenta.

La segunda, porque regresas al lugar donde están los seres queridos, los pilares de tu fuerza en la lejanía.

Tomas el avión casi tan exacerbado como cuando saliste, cruzas los dedos para que nada salga mal. Después de un viaje largo o corto, según la distancia que te separa de la Isla, llegas y vuelves a sentir aquellas cosas que amabas de Cuba y las que odiabas también.

Algunas personas se encargan a propósito de recordarte que te fuiste, como si por eso dejaras de ser cubano o no tuvieras derecho a retornar y disfrutar de las bondades de la madre patria.

En eso momento te molestas y das tus argumentos aunque no los necesitas, no para tu familia, ni para tus amigos. Y después de ese mal rato comienzas a vivir tu pueblo, tu país con la intensidad de quien la vida se le va a acabar pronto.

No paras en la casa, la pasas de un lugar a otro, paseos, playa, sol, fiesta. Tratas de ver a todos aquellos que te importan y forman parte de tu vida aun por correos electrónicos y redes sociales. Haces fotos de todo y de todos, necesitas que quede un recuerdo palpable de la vez que volviste a tu vida anterior. Si, uno que se pueda tocar, pues esos imperceptibles al tacto, también quedan grabados en tu mente entre los momentos de felicidad.

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También tiene su parte triste. Regresar y no ver algunos que como tu, emigraron y otros que se fueron de este mundo demasiado pronto.

Las lágrimas en las despedidas mojando tu rostro, el de tu gente, las cosas que el tiempo te impidió realizar.

cubanos al salir de la isla
Foto: Yoni Gonzalez/Cubanos Gurú

Y es que cuando partes de la Isla, guardas la esperanza de un adiós temporal, más bien un hasta luego, ya que una parte importante de ti, se queda allá donde viste la luz por primera vez.

Tomas el avión de regreso con nostalgia, y solo piensas que en un tiempo, “ojalá no muy largo” volverás y será como si nunca te hubieras ido.

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