Que nadie maltrate a mi hijo: la historia de Nancy

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Ni siquiera era único hijo, que es una de las pocas explicaciones probables que tendría como causa este asunto. Daniel tenía más hermanos, pero sin lugar a duda él era el preferido, el mimado, el consentido.

Nancy no entendía cuando de Daniel se trataba. Lo convirtió en un niño dependiente y engreído. Se creía con derecho a refutar todo, y lo que es peor, siempre creía que tenía la razón.

Daniel comenzó a ser un problema en la escuela. Por una parte, no respetaba a los profesores y respondía lo que creía correcto, que casi siempre difería de lo dicho por los maestros. Por otra, no se relacionaba mucho con sus compañeros, porque nadie quería estar cerca de una persona así.

Como era de suponer, la directiva de la escuela se reunió para discutir su caso y Nancy fue llamada para responder por el comportamiento de su hijo. De entrada ya venía predispuesta. No concebía que su hijo fuera objeto de análisis. Quizás otros niños podrían serlo, pero su Daniel, el mejor del mundo, no.

Nancy no aceptó nada de lo que le dijeron. Dijo que el comportamiento de su hijo no se correspondía con el de un chico prepotente, sino el de alguien que era superior en una escuela donde los maestros estaban por debajo de su nivel y sus compañeros no eran educados.

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Daniel cambió de escuela. Se trasladó, a la que era, según ella, la mejor del municipio. Obviamente los problemas siguieron y para peor. En este centro se creó una junta para decidir si el niño se quedaba o se iba a una escuela de conducta, no porque fuera violento sino porque tenía serios problemas de adaptación social.

Nancy enloqueció y retiró a Daniel de la escuela. Hoy está pendiente a juicio por no querer que su hijo asista a ningún centro. “A mi hijo no lo maltrata nadie, que se quede conmigo, yo le enseño todo lo que le haga falta”.

Historias como estas invitan a reflexionar sobre la pasión y el amor ciego de las madres que a veces pueden convertirse en influencias negativas para los hijos.

*Los personajes y hechos relatados en esta historia son resultado de una obra ficticia del autor. Cualquier parecido con personas verdaderas, o con hechos reales es pura coincidencia.

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