¿Por qué son tan populares las pizzas en Cuba? Una entrevista exclusiva con este plato italiano

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Como dijera el cabo Pantera, el que no se come una pizza en Cuba no sabe lo que es la vida, porque ¿qué cubano no se ha deleitado o disgustado mientras prueba este platillo italiano en la popular versión de nuestro archipiélago? Y es que la pizza tiene en Cuba sus adaptaciones particulares, modos que asombran a los propios italianos y a otros extranjeros que visitan el territorio nacional.

La cotidianidad con que se presenta en establecimientos estatales, puestos callejeros, carnavales y locales por cuenta propia prácticamente la distancia de la herencia italiana que trajo a la mayor de las Antillas. Pero, ¿por qué son tan populares las pizzas en Cuba? Conozcamos algunos datos sobre esta popularidad en un diálogo con la propia pizza.

Periodista: ¿Cómo llegaste a Cuba?

Pizza: Ya por la década del 40 y 50 la comida italiana empezaba a incursionar en la vida habanera del país. Sin embargo, no se había popularizado en el paladar cubano aquella mezcla básica de harina, queso y salsa de tomate horneada de la que estoy hecha, sí porque no es arena como algunos pueden pensar. Fue después de 1959 y con mayor énfasis en la década del 60 que se abrieron en casi todo el país las famosas pizzerías que ofertaban a mis coterráneas lasañas y espaguetis, y donde por supuesto me llevé el reconocimiento más popular. De esta etapa data, por ejemplo, la famosa pizzería Vita Nouva ubicada en El Vedado.

Periodista: ¿Qué recuerdas de esa época?

Pizza: Las colas; en tales establecimientos se hicieron filas kilométricas, aunque algunos ya deseosos de degustarme hacían a un lado tenedores y cuchillos, me doblaban y como se dice en buen cubano “me metían mano”. A alguno se le ocurrió entonces llevarme a los puestos callejeros con hornos móviles, y otros se aseguraron de elaborarme y venderme en casa, tradición que se mantiene hasta hoy. Desde entonces me he adaptado a salir del horno y reposar en un cartoncito, papel o jaba, según el comerciante y el consumidor.

Periodista: ¿La receta, por supuesto, tuvo variaciones?

Pizza: Pero claro, a qué cosa no ponen los cubanos su sello particular, adiós orégano, albahaca y hasta variedades de queso, y cualquier harina sirve aquí como base, así que, si mi prima italiana continuó delgadita, crujiente y en porciones, yo terminé gordita, voluminosa y doblada. Sin embargo, la vita nouva sí me dio un gustico riquísimo, y me adapté al jamón incluso a la “mortadella”. En el periodo especial lamentablemente profanaron mi receta utilizando preservativos como queso, después de todo es hasta ingenioso, porque quién se iba a comer una pizza sin queso, por eso se los perdono. Pero por lo demás seguí siendo riquísima. Ahora en los paladares me preparan mejor y hasta me sirven sofisticadamente en variedades hawaianas, habaneras, santiagueras, espirituanas, especiales…

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Periodista: Pero las callejeras siguen siendo populares…

Pizza: Por supuesto, a toda hora me salgo de prisa chorreando queso para meriendas, almuerzos y comidas, y hay quienes necesitan más de una. Ah y les encanta acompañarme con algún líquido bien frío: batido, refresco, lo que sea… Otros me modificaron en proporciones y nombres, en mis descendientes las bambinas y las pizzetas, más pequeñas y delgadas respectivamente.

Periodista: ¿Y los precios?

Pizza: Ah yo empecé en 20 centavos en los 60, de ahí pasé por tres, cinco y llegué a los diez pesos, y no me paro en los quince o veinte, seguro sigo, ya en los paladares paso de 50. Lo que importa es que ahí estoy, en las buenas y malas, en las bromas, y así me mantengo en el menú diario del cubano, y eso para mí es bastante.

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Hasta aquí este singular diálogo. Ya lo dijo quien lo dijo, en Cuba hay que hacer un monumento a la jaba y otro a la pizza, tan popular y apreciada en nuestro archipiélago, tan cubana como nuestros platos típicos y un símbolo más allá de la comida rápida, de la intensidad con que vive y come el cubano. Agradecemos las palabras a la pizza y si te quedó alguna interrogante no dudes en comunicárnoslo.

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