“Papuchi” y otras palabras de cariño en Cuba

Alexandros Moridis / Shutterstock.com
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Eso de acariciar con palabras se ha vuelto una “moda escrita”, gracias a las redes y las vías de comunicación. Cierto… a la charla entre familiares, amigos y amantes hay que ponerle un toque especial para que la conversación no resulte fría, por eso el cubano se arma de las palabras claves en su vocabulario.

Sabemos que en Cuba, más que el texto digital, se impone en el día a día la voz y el corazón. Por eso vamos a recordar algunos términos de cariño usados en la Isla, para con esa misma “satería” darle calor a nuestras conversaciones escritas. Te amo Cuba da crédito al humor, a la lengua y a la identidad.

La Habana, 10 de la noche. Una mulata de caderas voluminosas sale del cuarto y se para delante de su marido, ya están a punto de ir a dormir. Ella se pone las manos en la cintura, sonríe con picardía y con una voz que mezcla el susurro con la súplica le dice… “papuchi, vamos”. Todo está dicho en este juego de pasiones.

NinaMalyna/shutterstock.com

Camagüey, 3 de la tarde. En el mercado un hombre de mediana edad, cabello blanco y mediana estatura, despacha viandas y frijoles. Conversa en voz alta con el dependienta del kiosco de al lado y entre carcajadas le hace una seña para que vea a la joven trigueña, de rostro hermoso y caminar seductor que pasa delante de ellos. No se hace esperar el piropo disfrazado de marketing: “Ven mamasota, llévatelo todo”. La propuesta es irresistible, y si no compra, o si no se acerca a ver, al menos regala una sonrisa.

pregones de Cuba
Katarzyna Uroda / Shutterstock.com

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Bayamo, 8 de la mañana. La muchacha está lista para abrir el negocio donde vende pizzas y refrescos. Contempla orgullosa el local, los carteles, siente el olor delicioso de todo lo que va a ofertar. Posa ahora en el mostrador de madera seductora para recibir a un joven de bíceps prominentes y mirada muy varonil que se le acerca. Ella no lo deja decir ni una sola palabra… se lanza… le dice con voz aniñada: “Por Dios mi chini, me vas a estresar, dime, ¿qué quieres?”

Y así, cada una de las palabras, tejidas en frases que son pura trampa en la que cae, o no, la presa sonriente, hacen de la comunicación un verdadero ajiaco de sensaciones. Decirlas es ya tradición… llevarlas al whatsapp o al Messenger, un reto por delante.

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