Palabras cubanas relacionadas al residente en el extranjero

EQRoy / Shutterstock.com
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Ella observa desde la ventanilla del avión los edificios de La Habana. Las maniobras de aterrizaje y las emociones de volver a abrazar a su gente le provocan sonrisas. Salen algunas carcajadas al imaginar la alegría de su abuela, diciendo a todos en el barrio que su nieta linda viene de “afuera”.

Esta es una historia común… Te amo Cuba advierte con picardía que cualquier semejanza con la vida real, es pura coincidencia. Lo que para nada resulta casual es el modo en el que los cubanos, con mucho de academia popular, expresan el tema de la extranjería y el regreso.

Avanza la joven desde la aeronave hasta la terminal del aeropuerto y con leve tristeza observa el sitio por el que deberá abordar su vuelo de regreso al mundo en 15 días. De pronto ríe al acordarse que a esta sala de última espera sus primos le llaman “la pecera”, no es un misterio, los pasajeros a punto de volar ya no salen de allí. Pasan minutos caminando de un lado a otro entre cristales, idéntico al modo de vivir de los peces en sus estanques de vidrio.

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Se apresura la muchacha recién llegada del “exterior” a acomodar sus pertenencias. Revisa por un instante cada equipaje sellado perfectamente con plástico. Uno, dos, tres… cuatro maletas… la semejanza es una metáfora popular, sus amigas les llaman “los bocaditos”. Ellas bromean incluso con jerarquías de cantidad o tamaño, y por supuesto mientras hay más cosas dentro, mejor, como un buen sándwich cubano.

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Sale al encuentro de la gente que la espera, los que la aman, los que huelen a Cuba. Ella escucha los gritos incontrolados de la madre diciendo entre sollozos: ¡mi hija llegó por fin del “extranjero”!. No muy lejos del rencuentro, unos contemplan emocionados tantos abrazos, otros miran fijamente “los bocaditos”, y fantasean con toda la “pacotilla” que puede caber en cada uno. Repito, si, “pacotilla”. Es contrastante la palabra para definir todas las cosas nuevas y hermosas traídas para regalar, pero así es la lengua de confusa.

El taxista que la lleva a casa es un amigo de años. Alza los brazos al verla y para no desentonar también la besa. Le dice con mirada de asombro que parece una “pepa”, término con el que los cubanos se refieren a los turistas, aunque vengan o no de España, donde abundan los José, es decir, los pepes, y según se entiende, sus mujeres, las pepas.

La cubana que vive en “otro país” ya está en su casa. La rodean los vecinos mirándola de arriba abajo y con exceso de confianza indagan todo… ¿cómo te va en “el más allá”?, ¿tú vives en el Yuma?, ¿me trajiste un “salve de allá afuera”?.

Es el modo de hablar, desde la universidad hasta la zona wifi, desde la agencia hasta la puerta de embarque. Y entendemos todos, porque es el hablar de la gente de calle, de pueblo, de los del barrio en la Cuba de adentro, y sin dudas, de esa Cuba que también somos a la distancia.

La muchacha está feliz, ya no le importa aclarar si vive en España o Gringolandia, porque para muchos es lo mismo, es a lo lejos. Para muchos es “cruzar el charco”, que es como expresar en buen cubano, la vivencia de sobrevolar mares y océanos, desde la isla hacia el mundo.

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