Los 98 días de García Lorca en Cuba

Christian Mueller / Shutterstock.com
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Federico García Lorca llega a La Habana un 7 de marzo de 1930 y prolongó su estadía hasta el 12 de junio del mismo año. Su estancia en la isla fue positiva en relaciones e incluso en producción literaria.

El objetivo de la visita era dictar conferencias como invitado de la Sociedad Hispanocubana de Cultura, presidida en aquel entonces por Fernando Ortiz, uno de los intelectuales más prestigiosos de la isla. A Fernando Ortiz dedicará Lorca el único poema donde hay referencias explícitas a Cuba, e implícitamente a su música, el “Son de negros en Cuba”.

Se hospeda en el hotel La Unión y sus primeras semanas en la ciudad fueron a agenda llena por su frenética actividad como conferenciante en el Teatro Principal de la Comedia. Por otro lado, en la casa de los Loynaz, García Lorca pasó casi todas las tardes de su estancia habanera entre canciones y charlas sobre literatura.

Con esta familia tuvo de todo, amigo por correspondencia de Enrique Loynaz del Castillo, en persona, le pareció un tipo aburrido. Sin embargo, su hermana Flor se convirtió en su cómplice y compañera de fiestas. De Dulce María, la otra hermana de la familia se burlaba porque, según él, hacía malos versos.

Conoció también las afueras de La Habana, Guanabacoa, Regla, Guanajay y Santa María del Rosario. Pero cuenta Nicolás Guillén que su lugar preferido eran las playas de Marianao, pues le gustaba irse en las noches a las fritas, a los cafetines y allí se hizo amigo de treseros y bongoseros.

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Emilio Roig de Leuchsenring, el historiador y ensayista habanero, en una nota periodística aseguraba que el poeta español estaba completamente “aplatanado”, es decir que se comportaba como un cubano más.

También conoció otras ciudades del país como Santiago, Pinar del Río, el valle de Viñales, Cienfuegos o Varadero, llegando incluso a decir en Cuba “pasé los mejores días de mi vida”.

El Hotel Detroit, en la calle Águila, fue el último hotel en el que residió el poeta granadino antes de embarcar hacia España. El mismo que llegó a decirle en cartas a sus padres:

“La Habana es fundamentalmente española, pero de lo más característico y más profundo de nuestra civilización. Yo naturalmente me encuentro como en mi casa”, y también: “Esta isla es un paraíso. Cuba. Si me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”.

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