Lo que le preocupa a un cubano cuando va a viajar a Cuba

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Esto sí que se parece al cuento de la buena pipa, como dicen los abuelos. O como dicen otros, es la historia de nunca acabar. Coinciden todos en que es más el tiempo de preparar el viaje, que el tiempo que lo disfrutamos. Y eso es muy cierto.

Muchas personas, la mayoría al parecer, se pasan casi todo el año alistando el viaje, haciendo compras y recargando a Cuba. Desde la isla, se dan cada semana las coordenadas de lo que hace falta que sea “transportado”. Justo ahí comienza la odisea.

Los primeros signos de preocupación se hacen evidentes cuando se inician las compras. Hay que cumplir estos detalles como ley sagrada: la exactitud en el número del calzado, la medida correcta de los espejuelos, tallas precisas, las piezas de carro o motor que se ajusten perfectamente, y el famoso listado de los medicamentos.

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Siguen las tormentas en la cabeza del viajante… una vez hechas las compras, se acerca la cacería letal: ¡Pasajes!. Es más fácil vivir en alguno de los sitios de Cuba a donde llegan los vuelos directos, si no, la preocupación por las conexiones nacionales, después de un vuelo desde “afuera”, ¡son terribles!.

Perfecto… compras realizadas, boletos en la mano. Llegó la hora de la verdad: el equipaje. ¿Quién dice lo contrario?, al instante de hacer maletas hay que ser desde estibador hasta el mejor estratega de “doblaje y acomodo”. Por otro lado, si no hay una pesa bien calibrada, entonces después todo se vuelve una verdadera “pesa-dilla”.

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Al cubano le preocupa, como es lógico, las cosas referentes al viaje. Cuando hablamos de cosas, no nos referimos a un “par de cosas”. Por ejemplo… el Aeropuerto congestionado, el chequeo, emigración, los boletos, los pases de abordar, pasaportes, horarios de despegue, el cinturón que te mide con cuantas libras de más te verán, el aterrizaje, otra vez emigración, la Aduana. Si, a todo eso, y más, nos referimos con “las cosas del viaje”.

Foto: Aduana de Cuba

Hay un momento de preocupaciones, unidas a sentimientos muy profundos. Son tan fuertes esas tormentas en nuestra mente, que ni cien turbulencias en el aire la superan. ¿Cómo veremos a la familia… más viejos, más tristes… como será ya no ver a los que partieron?.

Foto: washingtonpost.com

Te amo Cuba es testigo de que hay otro pensamiento igual de profundo, igual de aterrador: ¿les servirán las cosas que llevamos?.

Y al otro año será igual, y el siguiente también, como el cuento de esa pipa, que por suerte para nuestro corazón, jamás acaba.

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