La leyenda del cocuyo

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En nuestro país, sobre todo en las zonas rurales, se cuentan infinidad de historias que aun cuando no se puede comprobar nunca hasta donde son ciertas, se incorporan a nuestra tradición oral, como si fueran las verdades más grandes. Este el caso de los que ocurrió una vez en una zona muy apartada de nuestros campos.

Existió un trovador ya anciano que acostumbraba a viajar de pueblo en pueblo, a cuanta fiesta que fuera organizada, estas actividades duraban siempre hasta altas horas de la noche, y a veces podían durar 2 o 3 días.

Era muy conocido el trovador pues tocaba muy bien el tres y tenía una gracia especial para improvisar y para tocar las tonadas campesinas de moda, así que era muy difícil que no amenizara cuanto guateque se diera por los alrededores.

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Una de esas noches, en que terminada su labor se disponía a volver a su casa, se encontró por el camino con un cocuyo gigante y sin pensarlo dos veces, lo tomó de la mano y le pidió que lo acompañara porque el camino estaba muy oscuro y con su luz podía llegar más rápido y seguro.

Cuando se bajó del caballo le dio las gracias al cocuyo y le dijo que ya podía regresarse, pero casi se cae del susto cuando oye al cocuyo contestarle que, si bien él lo había acompañado hasta su casa, ahora le tocaba al tembloroso guajiro regresarlo a la de él.

Nunca se ha dicho qué hizo el guajiro, ni si cayó redondo allí mismo, lo que sí se sabe es que después de aquella noche no se le vio acercarse jamás a un cocuyo y también que contaba a toda aquella experiencia con mucho respeto. A su vez, esta anécdota ha sido repetida tantas veces que ya constituye una leyenda más de nuestros campos.

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