La historia de un guajiro por primera vez a La Habana: El que no defeque 12 libras completas en La Habana va detenido

GlobalTravelPro / Shutterstock.com
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A la verdad no mucha gente lo recuerda, o por lo menos no se comenta mucho. Después de 1959, muchos campesinos fueron a La Habana por primera vez y convivieron en casa de habaneros. Para ellos era un extraño ambiente de ciudad.

Las historias son para hacer un libro que se llame “las mil y una noches de un guajiro en la capital”. Uno de los distinguidos habitantes de la manigua cubana tuvo su experiencia, la cual es digna de ser contada.

No es raro, siendo una historia de cubanos “novatos”, que no tenga que ver con el baño y sus asuntos fisiológicos. Pues nada, el hecho de vivir en la manigua de hace muchos años atrás lo hacía todo más fácil. Necesidades al aire libre, sin tuberías, desagües, inodoros, papel sanitario o su sustituto, en fin… todo libre, al natural. Pero a un guajiro en La Habana las cosas se le hacen más difíciles.

Este visitante ilustre, instalado ya en el departamento de la capital, estaba necesitado de “descargar” el estómago. Entró al baño pero “ni loco” se le ocurrió sentarse en la taza. Para tal ocasión había conseguido unos cartuchos. Y en ellos descargó “las penas”

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Salió con los “paquetes” a la calle, pero resulta que en una carnicería cercana habían robado. Al pasar por el gentío, el policía lo ve con los cartuchos y piensa que él es el ladrón. Apresado delante de la población, pesan los cartuchos de “desechos humanos” y le dicen: ¿Dónde están las otras cinco libras? búscalas ahora mismo o te llevamos a la cárcel.

Por suerte en ese momento otros policías atraparon al verdadero ladrón que estaba escondido dentro de la carnicería. Al regresar a su pueblo, en plena manigua cubana, el guajiro contó con grandes gestos: El guajiro que no defeque 12 libras completas en La Habana lo mandan a la cárcel.

El gesto sano de la risa se agradece en estas historias que también dan matiz a la cubanía que somos.

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