La historia de un cubano que cruzó la selva del Darién en muletas

Foto: El Tiempo
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Rudys Columbié Ramírez, es un cubano que arriesgó su vida para intentar llegar a Estados Unidos, pero que a pesar de todas las dificultades que tuvo que superar consiguió llegar a la frontera norteamericana, informó el diario El Tiempo.

Ramírez sufrió un terrible accidente cuando ya lo tenía todo listo para llevar a cabo la travesía, en el que se fracturó la tibia y el peroné y tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica donde le insertaron tres platinos y 15 tornillos para fijar sus huesos.

A pesar que solo llevaba varias semanas acudiendo a recibir fisioterapias y que los médicos le comunicaron que necesitaría por lo menos tres meses de rehabilitación, el cubano decidió emprender la marcha para tratar de llegar a Estados Unidos.

En menos de una semana consiguió atravesar Perú y Ecuador, pero todo comenzó a complicarse cuando llegó a Necoclí, un municipio colombiano cerca del golfo de Urabá que usan muchos migrantes para cruzar a Centroamérica porque las autoridades no les concedían permiso para seguir el viaje.

“Cuando llegamos éramos como 50 cubanos y unos 70 emigrantes de Haití y África. La situación se fue poniendo difícil debido a que no nos autorizaban salir con las lanchas y los migrantes aumentaban por día. No había baños, ni agua cerca. Había mujeres embarazadas, niños de 2 meses de nacidos y ancianos de hasta 81 años. Llegamos a ser unos 1500”, contó.

Lo más seguro para el cubano hubiera sido salir en barco hasta Acandí y de ahí pasar a Panamá, pero por esa fecha había fallecido 24 migrantes en un naufragio y las autoridades no permitían salir embarcaciones, así que le tocó atravesar la selva en muletas.

En Chocó dos médicos cubanos le quitaron el yeso de la pierna utilizando una sierra eléctrica porque no tenían nada más y así continuó el viaje hasta que el 4 de mayo llegó a Capurganá y de ahí se adentró en el Darién.

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Aurelio Moncada, párroco de la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Capurganá trató de interceder ante las autoridades para que lo dejaran trasladarse por mar o por aire, pero su petición fue negada.

“Yo llamé a la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), a la Cruz Roja Internacional, al alcalde de Puerto Obaldía, al obispo de Darién, buscando alguna forma de que él viajara por mar o aire, ya que no estaba en condiciones de atravesar la selva en muletas”, declaró.

El cubano tuvo que internarse solo en la selva, pues su paso era demasiado lento con las muletas y ningún grupo de migrantes quería quedarse con él, tuvo que arrastrarse prácticamente, pasó hambre y sed, pero resistió.

Incluso tuvo que presenciar cómo la crecida del río se llevaba a más de 60 de sus compatriotas, de los cuales unos fueron sepultados en medio de la selva y otros terminaron devorados por los caimanes.

“El agua y la comida se me acabaron. Desde por la mañana estaba lloviendo. Seguí caminando y el hambre y la sed comenzaron a agobiarme. Tomé agua de las hojas de los árboles que estaban caídos. Cuando veía un poquito, me tiraba en el piso a tomar agua. Esa noche no llegué a ningún lugar. En plena selva decidí quedarme a dormir, sin linterna, sin nada. El último día de la travesía, ya no tenía fuerzas. Un grupo de migrantes, que ya habían llegado al campamento y venían de regreso en busca de sus familiares, me ayudaron a llegar al final. Aún me faltaba cruzar cuatro pasos de río y ellos me pasaron en sus hombros. Me dejaron cerca del pueblo de Bajo Chiquito, donde me encontré a un joven con un caballo. Así pude salir de la selva”, recordó.

Ramírez logró reponerse a todo y en la actualidad se encuentra en la frontera de Estados Unidos para solicitar asilo político y dejar atrás todo lo que vivió.

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