Historia de bicitaxi

Kobby Dagan / Miguel Campos - Shutterstock.com
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Eran las diez de la noche y él daba un pedal “encendío” para llegar hasta donde estaban los turistas. Su bicitaxi lo tenía todo: toque, swing, mecánica, rapidez de un par de piernas “para respetar” y la imagen caribeña de un mulato cubano.

El día había estado malo, no entró a los bolsillos ni para la latica y el pan con timba que tanto le gustaba. Si, tenía dos o tres pesos “bien verdes” en el “porta picha” pero eso los debía al socio que le vendió la catalina y la cadena.

Ya casi llegaba… ya casi podía oler el bloqueador solar mezclado con sudor extranjero. Se apresuró más para ser de los primeros en proponer su “cuban bicitaxi”. Todo cambió al hacerle seña aquella blanca que lo “encandilaba” con su traje de lentejuelas, si, un vestido que le llegaba justo hasta la “mamasita”.

Unas cuadras recorridas permitieron que él hiciera algunas preguntas. ¿Qué te pasa nena, y esa carita de tristeza con tanta fiesta que llevas en el cuerpo?. Ella respondió mientras sacaba un H. Upman: Nada, un “come bola” ahí me quiere malear mi vida, porque como tiene cinco fulas en el bolsillo ya se le sube la fama pa la cabeza.

El viento fresco que viene del mar la despeinaba a ella y lo refrescaba a él. Sonrió esforzado y le dijo con una mirada de reojo y mucha picardía: Oye mamasita dale un componte a ese verraco. Si tu quiere entre los dos lo “malsalamos” y ya.

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Se fueron a la tarima, donde la orquesta del momento ponía caliente todo el lugar. El tipo del bicitaxi y la jeva de las lentejuelas echaron “un pasillo” y tomaron cerveza bien fría de la pipa. Ella, entre suspiros, le preguntó si estaba solo, y él respondió medio cortado: Negativo blanca, me tienen amarrao, lo que pasa es que contigo me quité la soga un ratico.

Hubo confesiones… Me llamo Normita, pero me dicen “vainilla”, y soy enfermera… ¿Y tú, nada más te dedicas al bicitaxi?. Respondió él: A eso y a otros “bisnes” más, pero el pedal es lo mío.

Ya se estaba acabando la “gozadera” cuando llegó un moskovich de donde salió una muchacha arreglándose el cabello; del lado del conductor abrió la puerta un jabao lleno de cadenas.

¡Mi marido…! gritó la del vestido de lentejuelas. Mi mujer… susurró el dueño del bicitaxi. ¿Y para que contar lo que hicieron allí, si las palabras “despelote”, “san quintín” y “sal pa afuera” no bastan para describir lo que pasó en las sombras, porque para colmo, se fue la luz?.

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