Hacer sacrificios por buenas razones: La Historia de Eilén

Taiwone/shutterstock.com
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Como muchas muchachas en Cuba, Eilén siempre tuvo poco. Hija de padres divorciados, vivía en 2 habitaciones en un pequeño pasillo, pasaje como les decimos en Cuba, solas, ella su abuela y su mamá.

Una mora con chispa, bonita a su manera, jocosa, alegre, y tierna en cierto modo. Mientras sus compañeras de la secundaria exhibían zapatillas de marca, ella usaba botas de trabajo para la escuela. En las tardes salía a vender aguacates, en una bicicleta con cajón incorporado. Se le escuchaba por las calles de su ciudad pregonando. Su madre era obrera en una fábrica, los recursos no alcanzaban. De ahí Eilén curtió esa fuerza para salir adelante.

En el “pre” meroliqueó de todo, cigarros, ropa interior, lo que fuera por quitarle peso al salario de su mamá y la pensión de la abuela. Luego decidió que no iba estudiar más, trabajar era más importante, buscarse la vida era la palabra de orden. Y así lo hizo, pero no alcanzaba.

Sin la influencia de nadie se propuso salir de Cuba y levantar la economía de la familia, no sabía cómo, pero lo haría. Tuvo varios novios, algunos adinerados y otros no tanto, pero aprendió a valerse por ella sola, se construyó un cuarto, pero seguía siendo insuficiente.

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Cuando conoció a Pierre un francés mucho mayor que ella, interesado en la morena cubana no lo dudó, se casó con él y se fue a Francia. Solo cuando estuvo sola se dio cuenta de que el sacrificio era más grande de lo esperaba. Pierre era bueno, magnífico, la llenaba de mimos y regalos, pero ella no estaba enamorada, su amor había quedado en Cuba.

Ese solo hecho le hacía la vida infeliz a diario. Tenía que fingir alegría en los correos y las llamadas Cuba. Se desahogaba con amigas que también emigraron, aunque por otras razones. Su consuelo era facilitarles la vejez a las dos únicas personas verdaderamente importantes: su mamá y su abuela.

Pero con ello, sacrificó años de felicidad. Aunque tiempo después la relación con Pierre terminó, ya nunca pudo recuperar el amor perdido en la Isla. Siguió ayudando a los suyos. Pero comprendió infinitamente aquellas palabras de su madre antes de salir, “hacer sacrificios por buenas razones, a veces pesa más de lo que podemos aguantar”.

*Los personajes y hechos relatados en esta historia son resultado de una obra ficticia del autor. Cualquier parecido con personas verdaderas, o con hechos reales es pura coincidencia.

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