El gesto de este cubano con una niña herida en el accidente de tránsito de Ciego de Ávila

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El periodista cubano Ortelio González Martínez utilizó sus redes sociales para dar a conocer el gesto que tuvo un hombre hacia una niña que resultó herida en el accidente de tránsito ocurrido el pasado domingo en Ciego de Ávila.

Martínez contó que se encontraba en el Hospital Antonio Luaces Iraola cubriendo lo sucedido y vio al hombre dándole la mano a una niña que estaba acostada en una camilla y con su suero puesto, pero no le dio mucha importancia pues pensó que era un miembro de la familia.

Foto: Ortelio González Martínez

Sin embargo, comenzó a prestar atención cuando la niña dijo que tenía ganas de hacer sus necesidades, en ese momento el hombre llamó a una enfermera para que le trajera la cuña, pero la pequeña solo quería hacerlo frente a sus padres.

Entonces el hombre se quitó el pulóver, improvisó una especie de cortina para que nadie pudiera ver a la pequeña haciendo sus necesidades y le pidió a una mujer que estaba por ahí que la ayudara.

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El reportero se acercó al hombre para preguntarle si era familiar de la menor y se quedó sorprendido al comprobar que ni siquiera la conocía, pero que presenció el accidente y como la vio toda llena de sangre decidió llevarla al hospital y acompañarla hasta que aparecieran sus padres.

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Foto: Ortelio González Martínez

“¿Usted es el padre? No. Yo no la conozco. Venía de Majagua y vi el accidente. Estaba tinta en sangre. Sin perder tiempo la monté en el auto y la traje al hospital. Yo no la conozco, pero se ha portado bien”, escribió Martínez para agradecer a la persona que cuidó a la niña.

Muchos usuarios también han expresado su admiración hacia el hombre que de manera desinteresa prestó auxilio a la niña y que se quedó a su lado consolándola luego del susto que pasó.

A continuación, reproducimos el texto íntegro publicado por Ortelio González Martínez:

La niña y el hombre del pulóver rojo

Lo vi allí, preocupado, con su mano derecha extendida hacia el cielo y la mirada puesta en el pasillo. Aguantaba el suero. Por momentos, cuando iba a salir le pedía a la señora —la que se ve al final de la fotografía— que le ayudara para darse un saltico hasta el Cuerpo de Guardia del Hospital Antonio Luaces Iraola, la tarde-noche fatídica del 11 de agosto pasado, cuando el ómnibus resbaló y fue a parar a la cuneta, con los seis neumáticos mirando al cielo y 44 personas atrapadas en su vientre.

«El chofer no venía a exceso de velocidad, ni había ingerido bebidas alcohólicas. Solo se tomó un refresco cuando llegó al hotel, porque tenía mucho calor», le escuché decir a un niño en conversación con su mamá. Y los niños no mienten.

Pasaba el tiempo y el hombre allí, con el suero, y hablaba con la niña. Y la niña lo miraba asustada. Atrás había quedado el viaje inconcluso, la tragedia que pudo ser mayor. «Algo existe. Mire, periodista, cómo quedó la guagua. Pudimos morir todos. Todavía hay un hombre atrapado bajo los hierros, venía en uno de los asientos del medio. Yo lo recuerdo», decía una mujer cuando vio el flash en medio de la noche, que comenzaba a caer sobre la carretera central, justo en el kilómetro 454, cercano al poblado de Jicotea, en el municipio de Ciego de Ávila.

—Quiero hacer pipi, dijo la niña.

Y el hombre: «Traigan la “cuña” para que la niña haga pipi».

Y la niña: «No, no, yo quiero que sea mi mamá o mi papá». Y el hombre se despojó del pulóver rojo, improvisó una especie de parabán que impedía la mirada ajena y pidió a la señora —la que se ve al final de la fotografía— que se ocupara de la niña.

—¿Usted es el padre?

—No. Yo no la conozco. Venía de Majagua y vi el accidente. Estaba tinta en sangre. Sin perder tiempo la monté en el auto y la traje al hospital. Yo no la conozco, pero se ha portado bien.

Y a uno, que tiene más de un hijo, le revolotean millones de ideas, de palabras que dicen las abuelas, las madres, los padres, las tías: «que si los hijos deben salir solo con los padres y no con otras personas», «que el mejor familiar es la madre», «que si los tíos se despreocupan en la playa», «que si el padre cuando toma ni de su hijo se acuerda». En fin, mezcla de conjeturas y realidades. Depende del lado en que se mire.

Y al rato, un alma con blusa negra, traspasaba, sin frenos, el umbral, quizás pensando en el infierno, y allí estaba la niña, con su manita asida al hombre del pulóver rojo.

La niña y el hombre del pulóver rojo Ortelio González Martínez Lo vi allí, preocupado, con su mano derecha…

Posted by Ortelio González Martínez on Tuesday, August 13, 2019

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