El fenómeno de los nombres en Cuba

VicColon / Shutterstock.com
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Los cubanos tenemos cosas únicas, que van desde las cosas más sencillas hasta las de mayor significado como los nombres. Porque a la hora de designar esa palabra o palabras que llevarás en el carnet de identidad, vamos de los sublime a lo ridículo.

Y es que en las ansias de nombrar a nuestros hijos con un conjunto de letras originales y llamativas, llegamos a extremos que luego constituyen un castigo para ellos mismos.

Algunos apelan a la unión de los nombres de madre y padre, como Ratia (hija de Rafael y Tania) o Anmary (hija de Antonio y María). En otros casos utilizan acrónimos como Descemer (de Mercedes), o simplemente invierten el orden de sílabas o letras como Sorgalim, Adianez, u Odlanier, si arreglan los caracteres encontrarán nombres comunes.

Y estas son las mejores situaciones, porque he visto por ahí personas con nombres de marcas de equipos electrodomésticos, afirmaciones en diferentes idiomas y algunos tan obsoletos que nos remontan a las épocas antiguas.

Sin dejar de mencionar aquellos padres apasionados de la historia que rememoran figuras y hechos de otras naciones. La época del auge ruso tuvo una gran trascendencia. En esta categoría tenemos Lenin, Vladimir, Serguei, Tatiana, Darinka y hasta etc.

Las telenovelas continúan su influencia hasta nuestros días, desde la Malú de los años 80, inició la ola de Beatriz (Bía), Saleth, Bebel, y las Suelen de nuestros días.

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Pero el acontecimiento va más allá del mero momento de inscribir al bebé, se traspasa al ámbito social de los niños en las escuelas, quienes deben soportar todos tipo de nombretes y motes en forma de burla, gracias a la decisión sus padres.

¿Y qué decir de la fuerte y famosa corriente de la Y que tantos dolores de cabeza causa a funcionarios públicos? Yandy, Yipsi, Yumisleidys, Yoroemis, Yunel, Yargelis, Yuniseski, Yuriorkis, Yormani, Yoerkis… la lista no tiene fin.

Mientras nuestros abuelos se llamaban Antonio, Pedro, María, o Emérida, en la actualidad sus nietos se llaman Yusnaby, Yanilesdi, Damili, Sunami. Que conste no quiero ofender o decir que los de ahora son feos, sino simplemente marcar la gran diferencia entre el ayer y el hoy, que hacen del fenómeno de los nombres en Cuba algo único.

Dicen que los nombres revelan la naturaleza de la persona, pero en nuestro caso creo que revela más de la naturaleza de los padres y la sociedad que les tocó vivir.

Claro, que después de hacer gala de gran inventiva no se puede pretender que todos lo entiendan. Pregunten por ahí cuántos de nosotros hemos tenido problemas, con títulos de carreras o propiedades, premios, reconocimientos y hasta en la vida diaria a causa de tan ocurrentes denominaciones personales. Nada, que vamos por el mundo teniendo que deletrear una y otra vez el vocablo que nos identifica.

Y aunque en Cuba podemos cambiarnos el nombre, la mayoría prefiere saltarse los trámites burocráticos y hacer suyos nombres artísticos como la Yeni que odiaba el Yenisleidy o Nely, que casi no podía pronunciar Nelisdeisys. Y es que hasta para los nombres, nos cuesta no sobresalir.

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