Cubano que fue a buscar a su madre en una lancha relata lo que vivió durante 12 años en la prisión K 8

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Luis Borges Álvarez es un cubano que viajó a la isla de manera ilegal para llevarse a su madre, pero fue sorprendido por las autoridades y sentenciado a 12 años de prisión en Kilo 8, una de las peores cárceles del país, informó Telemundo 51.

Álvarez residía en Miami, pero en el año 2005 el huracán Katrina dañó la vivienda de su madre y al ver que el gobierno cubano no iba a hacer nada por ayudarla, decidió subirse a un bote y entró ilegal a la isla para llevársela a Estados Unidos.

“El ciclón Katrina le tumbó el techo de su casa y el estado nunca le dio nada. Puso unas fibras en el portal para poder guarecerse de las otras lluvias y eso me estaba matando por dentro y decidí ir a buscarla. Fui detectado por los guardafronteras cubanos, le cayeron a tiros a la lancha, me rompieron los motores. Yo estaba entrando por la playa de Jaimanitas, por La Habana y fui detenido”, declaró.

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El cubano fue enviado a la cárcel K 8, un centro penitenciario ubicado en Pinar del Río y que es muy conocido por la cantidad de torturas a las que son sometidos los reclusos que se encuentran en ese lugar.

Luis consiguió entrar un teléfono en la prisión y lo utilizó para registrar los abusos de los que fue víctima tanto él como el resto de los reclusos, durante los 12 años que pasó encerrado en ese sitio.

El teléfono consiguió pasarlo oculto en un recipiente en el que le llevaban la comida durante las visitas y preparó dos agendas telefónicas para colocarlo y poder grabar todo lo que sucedía en la prisión.

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“En una cubetica plástica, meto el teléfono dentro de un condón, metí otra tapita plástica del mismo ancho del fondo del cubo, la empujé hacia abajo. El teléfono era bastante fijo, era un teléfono Samsung. Le echamos las masas de puerco con la grasa. Cuando la grasa se durmió, era más difícil al guardia poder hurgar. Mandé a comprar aquí dos agendas telefónicas, las prepararé para meter el teléfono y le pegué dos carros de revistas y en el bombillo del carro le abrí el hueco para la cámara”, relató

Para el cubano fueron los peores 12 años de su vida, pues K 8 era realmente un infierno, los guardias los maltrataban sin motivo alguno, pero lo peor de todo era la celda de tortura donde los sometían a un trato más brutal aún.

“Yo prefería estar muerto a estar dentro de una prisión de Cuba. Hay muchas personas que han sido torturadas aquí adentro. La palabra que lleva es infierno. El calabozo número 7 de la prisión de K 8 lo temen todos los reclusos. El recluso que pase por ahí sabe que sale con alguna costilla fracturada o bien golpeado. Una de las torturas es la sillita, te esposan de las manos y de los pies y te doblan como un balancín de sillón. Los gritos de los reclusos se escuchan a lo lejos porque cuando llevas tiempo doblado tu estómago no aguanta. También te guindan de los pies o te daban una golpiza por cualquier cosa”, expresó.

Según el cubano, el oficial más temido de la prisión era Ramón, un hombre alto y fuerte al que le gustaba castigar en exceso a los presos, golpearlos salvajemente y también meterlos en la celda de torturas.

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