Casi pierdo a mi hijo: la historia de Dunia

Riderfoot / Shutterstock.com
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Dunia era unas de esas mujeres que se sentía afortunada. Se había graduado de ingeniería civil, trabajaba en lo que le gustaba, tenía un matrimonio de 10 años y un pequeño de 6, llamado Ariel. Sus padres la apoyaban en todo y no tenía de qué quejarse.

Hasta que un día empezaron las llegadas tardes, las desapariciones y los olores distintos en la ropa de Oscar, su esposo. De ahí en adelante su vida se convirtió en un infierno. Oscar no tenía ni la decencia de disimular.

Comenzó maltratarla física y psicológicamente. Le metía a la otra mujer en su casa sin remilgos y le propuso abiertamente que permutaran por dos casas si no le gustaba el ambiente.

Pero llegó el fatídico día en que Oscar llegó con tragos de más y buscando pleitos a toda costa. En sus tiempos libres Dunia se dedicaba a la costura y tijeras en mano se defendió.

Aún no sabe bien como sucedió, todo fue muy rápido, producto del instinto. Lo cierto es que tomó conciencia de lo que había hecho cuando se vio en vuelta en interrogatorios y juicios.

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Fue condenada a dos años de privación de libertad, en los que Oscar quedó con el hijo de ambos y su madrastra. Esta, que no podía tener descendencia se encargó de convertirse en su madre, lo llenó de regalos, paseos y trató de que el niño olvidara a la verdadera que cumplía prisión.

Se dio la permuta y por supuesto Dunia llevó la peor parte por no estar presente. Al año de condena le concedieron la libertad condicional y salió para rehacer su vida, pero no fue tan fácil como pensaba.

Tuvo que enfrentar prejuicios de las personas y el de su propio hijo que ya no era aquel pequeño dulce que había dejado 365 días atrás. Los acosos de su exesposo que quería tener la custodia completa del niño, un nuevo infierno que no esperaba.

Le tocó enseñarle a su hijo que lo material tiene un valor ínfimo si lo pones en la balanza frente al sentimiento, y que ella era su madre ante todo. Cambio de escuela, de trabajo, de amistades que la abandonaron y cambio de vida. Casi pierde a su hijo, pero la situación le dejó una enseñanza: todo acto tienes consecuencias y debemos aprender a vivir con ellas y superarlas.

*Los personajes y hechos relatados en esta historia son resultado de una obra ficticia del autor. Cualquier parecido con personas verdaderas, o con hechos reales es pura coincidencia.

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