Balsero cubano que salió de la isla en el año 1994 cuenta su historia (VIDEO)

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Luis Soler, un cubano que se lanzó al mar en agosto del año 1994 para escapar del Periodo Especial que había en la isla y para comenzar una nueva vida en Estados Unidos, contó a Diario de Cuba cómo fue la travesía.

Soler y otro grupo de personas construyeron una balsa rústica con los materiales que encontraban o que podían adquirir en el mercado negro, además se prepararon para la travesía y todos los días nadaban varias millas con el objetivo de ponerse en forma.

“Tengo 58 años, salí de Cuba en plena crisis del 94 y decidí venir como balsero. Para preparar la balsa, íbamos a varios lugares en bicicleta y compramos en el mercado negro lo que necesitábamos. Construimos una balsa desarmable que era atornillable. El padrino de religión nos dijo que la construyéramos en su casa de Marianao y que nos tiráramos en la Playita de 16”, declaró.

Sin embargo, esto de nada les sirvió, pues, aunque tenían mucho entusiasmo, ninguno de ellos poseía conocimientos reales que les permitieran navegar en mar abierto y enfrentarse a las corrientes marinas y a las inclemencias del tiempo.

Ninguno de los tripulantes de la embarcación sabía que había un huracán azotando Las Bahamas y precisamente ellos se dirigían hacia esa zona donde se registraban fuertes vientos y olas de gran altura.

“La primera noche la pasamos remando, era increíble, la costa se veía ahí mismo. Al otro día el mar estaba más picado, la balsa se movía mucho, al mediodía todo estaba nublado. Empezó a caer un aguacero grande, la balsa subía y bajaba por las olas. Estábamos amarrados a la balsa, no dormimos, casi no comimos nada”, recordó.

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Finalmente, el mal tiempo terminó por hundir la precaria embarcación y tanto Soler como el resto de sus amigos quedaron a la deriva en el mar, auxiliados por dos gomas de la balsa consiguieron mantenerse a flote durante dos días, pero estaban expuestos al sol y a los tiburones.

“Luego de cuatro días expuestos al sol y al frío nos empezaron a picar los pies un banco de peces y cuando me tocó la rodilla noto que tenía todo el hueso afuera. Me vendé como pude y no dije nada porque no me hubieran permitido quedarme en la bolsa. Todo ese plasma y esa sangre estuvo atrayendo a los tiburones. Yo estaba más muerto que vivo y tuvieron que amarrarme a la balsa”, expresó.

Cuando ya no tenían esperanzas de sobrevivir fueron recogidos por un barco de la Guardia Costera de Estados Unidos y lo trasladaron a un hospital porque estaba muy grave, pero afortunadamente consiguieron salvarlo.

Sin embargo, su odisea no acabó ahí, pues, aunque llegó a territorio norteamericano antes del cambio de política migratoria, estuvo a punto de ser enviado a la Base Naval de Guantánamo, pero gracias a miembros del exilio logró legalizarse.

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