6 secretos que pocos saben sobre Cuba

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Sobre los cubanos (que son un genio como población)

Antes del año 59 ya a Cuba le decían la Perla de las Antillas. Poco saben que en esos tiempos contaba con barcos de vapor, ferrocarriles, alumbrado público, tranvías y hasta rayos x – cuando nadie en toda Ibero-América todavía los tenía-. Cuba fue el primer país del mundo con discado telefónico directo, y había hasta aire acondicionado central, que, según mi abuelo, lo instalaron en el hotel Riviera.

Los llamados logros de la revolución son de los cubanos, no de un partido político. Los cubanos, como población, nacieron genios. Está el caso de Finlay, cuando en Cuba ni se hablaba de biotecnología ni de revolución, ya él había descubierto el agente causante de la fiebre amarilla, y para lucirse completo descubrió hasta cómo curar la enfermedad.

Los cubanos fueron los primeros en toda Latinoamérica que volaron un avión. Curiosamente, el avión voló de Cuba a Cayo Hueso, y el piloto nunca se le ocurrió quedarse. Muchos predicen que, de hecho, de no habernos quedado aislados del mundo por tanto tiempo en una isla, hoy por hoy, en vez de volar los cubanos podríamos manejar de la Habana a Cayo Hueso.

calle Enramadas
Foto: mochilerosconmaleta.blogspot.com

Sobre las cubanas (que no se parecen a la Latina cliché)

La mujer cubana en nada se parece a la “latina” que el mundo tiene en mente. Especialmente la sumisa que hace todo lo que dice el hombre. Los extranjeros se casan con cubanas pensando que se casaron con esa “latina”. Lo que no saben es que la mujer cubana hasta sin alas, vuela.

En la novela Habana Dura, la protagonista, María, una joven holguinera, fue a la Habana queriendo crecer. Salió de su pueblo virgen, y antes de llegar a la Habana ya casi se había violado al militar que la recogió por el camino para llegar allá.

Las cubanas, sin nada que cocinar, ponen sobre la mesa una buena cena. La inventiva de ellas va más a allá de lo que nadie pueda imaginar. Yo he viajado el mundo y por ahí he conocido tanta gente con lo tienen todo y no saben cómo hacer nada. Las cubanas, ante callejones sin salidas, saltan al otro lado del barrio por encima de las matas. A pesar de las piedras que les tira la vida, alzan el vuelo. No hay latina más fuerte y luchadora que ellas.

la mujer cubana
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Sobre el turismo de placer (que tiene su lado bueno)

Durante la década del 90, tiempos que en Cuba llamaron “Período Especial”, Cuba adoptó el turismo internacional como una medida para que el país recaudara divisas que ya los rusos no mandaban. “Jinetear” se convirtió en la única manera para que esas “divisas” llegaran al bolsillo del pueblo. Yo crecí en esos años y la prostitución de necesidad pasó a moda. A veces parecía que todas mis amigas eran jineteras. Los extranjeros nos llovían. Venían en manadas a la isla buscando sexo joven, barato y legal.

Pero lo que muchos no saben es que existe un lado bueno de ese turismo. Porque, aunque muchos hombres venían –y aun vienen- buscando encontrarse con una cubana, lo hacían en busca de amor.

Encantados con la alegría de las cubanas, regresaban a sus países soñando con ellas y, finalmente, se las llevaban para allá. Muchos de ellos salvaron a cantidad de gente de las grandes miserias que en aquellos momentos se vivían en el país. Y aunque no todos los matrimonios resultaron, se puede decir que, incluso en Cuba, la tasa de divorcios es la más alta de Latino América, sobre todo en los 90s.

Yo me atrevo a asegurar que muchos de esos matrimonios no existen ya. Pero millones de extranjeros pusieron todo en riesgo para sacar a su amor de Cuba, y en muchos casos, de miserias terribles, tantos lo hicieron en contra de las advertencias de su familia y amistades.

Los cubanos tenían mala fama de querer irse de la miseria y abandonar a quien los ayudó a salir de ella. No voy a negar que se dieron esos casos, pero la realidad es que muchos cubanos viven, hoy en día, felices y agradecidos de extranjeros que se los llevaron a vivir una vida mejor.

En Habana Dura, María se topó con muchos de esos extranjeros que llegan a Cuba a comprar mujeres. Turistas sexuales de pura cepa. Un español incluso le ofreció comprar su sexo, pagando a 5 dólares la libra de su peso corporal. Ella pesaba 100 libras, y 500 dólares por una noche no lo hacía una jinetera en un mes completo. Fue muy tentador decir que sí pero ella no era prostituta. Por suerte también se encontró con muchos a quienes no les interesaba pagar por su sexo. Hombres que la desearon, y tuvieron amoríos de los que necesita una mujer para crecer y conocer su sexo. Esos sacaron a María de grandes aprietos.

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Sobre El Período Especial (que fue más allá del hambre)

Quienes escriben del Período Especial mencionan los bistecs de cáscaras de toronja y pizzas de condones en vez de queso. Es verdad que había hambre, pero las tragedias sociales de esa época fueron mucho más allá que eso: llegó al punto de la degradación del ser humano, la pérdida de valores y hasta de la educación formal. El sexo, por ejemplo, se convirtió en un producto como otro cualquiera, algo de lo que yo creo que hoy en día la sociedad no se ha llegado a recuperar.

La ciudad, además, se quedó inválida. Las casas sin sustento, las tiendas sin nada, las calles rotas, los carros destartalados. Todo roto. La gente se robaba hasta los carteles de ceda el paso para construir cosas con el metal.

inventos cubanos
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Una vez que María, la de Habana Dura, necesitó un teléfono, caminó horas y no encontró ninguno público. Todos se los habían robado. Hay poco en el internet que revive lo intenso de ese momento histórico, donde parecía que ciertas necesidades raspaban con cucharas el corazón de adentro del pecho de algunos cubanos. Pero es ese pedazo de historia que yo creó que endureció un poco el alma de los cubanos y generaron los problemas sociales que en Cuba se vive hoy.

Sobre La Habana (que, aunque bella tiene su lado duro)

En Habana Dura se dice que la Habana es una “ciudad del pasado que reinventa su presente con las lágrimas que la historia va derramando sobre ella”. Los dolores de la Habana no son nuevos. Ella pasó de la conquista de los españoles a la de los americanos y luego a Fidel. Las lágrimas de la historia hacen ríos sobre ella.

Y todo eso incrusta resentimientos en sus fachadas. La Habana lleva siglos tratando de que su lomo aguante lo que no pueden sus rodillas, es una ciudad bella pero dura, y tiene un lado oscuro que, a veces, viviendo allí, deja a los cubanos ciegos.

En la Habana vibra la pasión, domina el sexo, tortura el hambre y alivia el ron. La Habana no es la que ven los turistas. Las cubanas no son las que el turismo encuentra en sus bares. Esa es la superficie que ella le enseña a su turismo internacional.

Existen barrios como el mío (Buena Vista) donde en una misma casa lo mismo te venden sexo que un tamal. La Habana Vieja, es un lugar que, por ejemplo, le abre los brazos de par en par a los turistas, pero le hace recogidas diarias a las cubanas que tildan de jineteras del lugar.

Sobre la religión (que la creen mala, pero es fenomenal)

En Cuba creemos en todo, desde los Ángeles hasta los Santos y hasta en el mismo Dios. Pero lo que muchos no saben es la cultura afrocubana ha enriquecido, ya por siglos, la fe y las creencias cubanas.

Muchos confunden nuestra linda religión de Ia con santería y brujería y ni siquiera saben que la mayoría de sus creyentes la practican para hacer el bien, y para actos de bondad. En inglés le llaman “voodoo” y la confunden con creencias que encajan agujas a muñecas de trapo para hacer mal. Critican las historias que se cuentan de nuestros santos como historias que no son dignas de un “santo” porque en ellas reinan la magia y la sexualidad.

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Al final, hay tantas religiones por ahí que hacen cosas en “el nombre de Dios”, que si Dios se entera lo que andan haciendo en su nombre aquí en la tierra se echaría a llorar. La religión afro-cubana es un sincretismo entre el catolicismo y la santería africana, y en mi opinión capitaliza en lo mejor que traen las dos ramas.

Y como la belleza está en la mezcla, es una de las religiones más ricas y profundas que existen hoy por hoy. Es un culto real, a lo natural y lo vivo. Es algo que, aunque sea por cultura todos en el mundo deberían aprender.

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