5 cosas que hace un cubano cuando llega por primera vez a un aeropuerto

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La primera vez… siempre el susto, la confusión, la torpeza. Eso sucede, no hay por qué avergonzarse. Hay historias legendarias de la primera vez que alguien montó en el tren, en barco, o en aquellos autos de antaño que alarmaban por sus veloces 25 kilómetros por hora.

Sin embargo, no se ha escrito mucho de la primera vez en un aeropuerto. Te amo Cuba invita a comentar experiencias. Por lo pronto, reunimos algunas aquí, para conocer esas cosas que hicimos minutos antes de abordar el avión.

Atónitos, contemplamos cuán grande es la terminal aérea

Esto es un monstro que no se parece a nadie”, algo más o menos así se ha dicho, aunque la comparación no tenga mucho sentido. Los primerizos se quedan viendo la torre de control, la edificación, el flujo de autos, la gente que sonríe o la que llora. Después de sentirse el humano más importante del mundo, todo parece más normal, pero a veces NO.

Palabras cubanas residente en el extranjero
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Desde las puertas automáticas hasta adentro

En honor a la verdad, por muchos viajes de ida y vuelta que demos no se deja de cometer torpezas en los aeropuertos. A quien va por primera vez todo le resulta más difícil, en especial, hacer que se abran las puertas automáticamente. El miedo es sencillo: “no queremos chocar contra los cristales y ser punto de atención”. Una vez dentro, los primerizos pasan mucho tiempo frente a las pantallas que anuncian vuelos. Después, otro suceso: lo pierden todo al momento del Check-In.

Los sonidos aeroportuarios

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No exageramos… cada sonido del ambiente aeroportuario es una sensación para el que está por primera vez a punto de volar. La persona escucha con atención el tono armonioso antes de los mensajes de aviso; también se alarma con los pitos de alerta en la entrada al embarque; y por supuesto, se le hace un nudo en el estómago con el ruido ensordecedor de las turbinas del avión.

Alerta, entrada al salón de última espera

Un amigo lo describe de manera peculiar: “Yo llego a esa entrada donde me desvalijan de todo, y es como estar en la enfermería donde me van a inyectar”. De acuerdo… es otra comparación sin mucho sentido y bastante dramática. El primerizo a punto de viajar por aire siente como si fuera castigo las revisiones corporales y la firmeza de los agentes de seguridad. Le aturde el sonido de los metales, los escáneres, la frialdad del suelo si debe quitarse los zapatos. Por eso se mantiene quieto, obediente, con los ojos enormes que casi se les caen.

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A punto de volar

Esta es la primera vez a punto de abordar… la primera vez igual en todos… “Ver como esa ave de metal asciende a los cielos”. En el salón de última espera no vale la pena comer, ni beber nada, ni siquiera ir al baño, porque es sobrecogedor contemplar el vuelo hacia las alturas, repito, por vez primera, desafiándolo todo.

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